Comentario sobre la lectura de El Periodista Universal, David Randall.
A mis quince años entré a vivir en lo que podríamos llamar un convento. Vivía con consagradas y estuve ahí, durante tres años, discerniendo si Dios me pedía esa vocación. Recuerdo bien que un día, una chica de mi edad, pero que había entrado un año antes que yo, me enseñaba la casa y cómo funcionaban todos los sistemas prácticos: lavandería, aseos, estudios, etc. La frase “Aquí siempre hacemos así las cosas” la repetía una y otra vez, con esas u otras palabras “nosotras siempre…”, “nosotras nunca…”. Yo, una adolescente sana, por lo tanto rebelde, quería ser diferente, que nadie me dijera cómo era yo, cómo hacía las cosas. No quería que me metieran en un “grupo semántico”, en un molde antes de saber qué era yo o qué quería ser.
Hace unos días leía el libro de El Periodista Universal, de David Randall. Me llenó de paz cuando en medio del miedo que me daba pasar las páginas del libro y ver lo desconocido que es para mí el Periodismo, de pronto encontré una línea, que sí tenía que ver conmigo, ponía literalmente: “Los periodistas odian la frase: Aquí siempre hacemos así las cosas”. Ahí estaba yo. Había algo mío en medio de cientos de consejos que veía casi como amenazas, lo desconocido. (Continuar leyendo)